RESUMEN Desde el Pleistoceno Tardío, los humanos y los perros han coevolucionado en el Ártico, formando una relación simbiótica esencial para la supervivencia, movilidad y adaptación. La evidencia arqueológica muestra que los perros se utilizaron como animales de tracción desde el Holoceno Temprano, facilitando en última instancia la expansión inuit y moldeando los patrones de asentamiento en el Ártico. A pesar de los recientes declives en las poblaciones de perros de trineo debido a factores coloniales, cambio climático y cambios culturales, los perros siguen siendo centrales para la identidad inuit. Este trabajo enmarca la cooperación humano-perro como un sistema dinámico de aprendizaje mutuo, o enskilment, donde ambas especies adquieren habilidades compartidas a través de la colaboración. Herramientas como arneses y látigos sirven como dispositivos comunicativos dentro de este sistema. Basándose en prácticas arqueológicas y contemporáneas inuit, el estudio destaca cómo el conocimiento encarnado y la agencia animal contribuyen a la resiliencia ecológica. Al ver el Ártico como un paisaje co-manejado moldeado por la cooperación humano-perro, el documento cuestiona las visiones estáticas de adaptación y subraya la importancia perdurable de esta relación interespecies.
Vitale et al. (Jue,) estudiaron esta cuestión.