La región del Sahel, caracterizada por un clima semiárido, enfrenta riesgos significativos de seguridad relacionados con el clima, incluida la degradación ambiental, la inseguridad alimentaria y hídrica, y la competencia por recursos naturales en disminución. Este artículo explora los vínculos entre el cambio climático y el surgimiento de grupos armados no estatales (GANS), particularmente Boko Haram, en la Cuenca del Lago Chad. El cambio climático rara vez es la causa principal del conflicto, pero amplifica las vulnerabilidades existentes como la pobreza, la marginación y la escasez de recursos, creando condiciones que los GANS explotan para el reclutamiento y la expansión territorial. A través de una revisión de literatura, estudios de caso y datos geoespaciales, el artículo destaca cómo la desertificación, las sequías y los cambios en los patrones de lluvia contribuyen a los conflictos entre agricultores y ganaderos, el desplazamiento y la inestabilidad económica en el Sahel. El estudio subraya cómo grupos como Boko Haram capitalizan estos factores desestabilizadores para fortalecer su influencia, alimentando aún más la violencia y la inseguridad. También describe los esfuerzos políticos internacionales y de mantenimiento de la paz que abordan la seguridad climática en la región, incluido el papel de las misiones de la ONU. En última instancia, el artículo sostiene que el cambio climático exacerba los desafíos socioeconómicos, que a su vez fomentan el conflicto, beneficiando a los grupos armados y socavando la estabilidad regional.
Ian J. Bonner (Jue,) estudió esta cuestión.