Este documento destaca la crisis de disponibilidad de agua y la necesidad de reconocerla como un problema global. Utiliza el concepto de estrés hídrico para problematizar el tema y mostrar que las ciencias sociales no han respondido a esta amenaza alarmante e inminente que afectaría a las poblaciones marginalizadas del mundo. Argumenta que la crisis es antropogénica y no el resultado de simples causas naturales. Además, aboga por un orden hidráulico justo que tenga en cuenta la sabiduría del pueblo y no meramente la de los ‘expertos’ e introduce el concepto de justicia hidráulica en las discusiones sobre el tema.
Surajit C. Mukhopadhyay (Sat,) estudió esta cuestión.