La enfermedad de Parkinson (EP) es un trastorno neurodegenerativo influenciado por múltiples factores y definido principalmente por la pérdida gradual de neuronas dopaminérgicas en la sustancia negra pars compacta. Este proceso patológico reduce fundamentalmente los niveles de dopamina disponibles y produce síntomas motores centrales que incluyen bradicinesia, temblor en reposo, rigidez, inestabilidad postural y una pérdida generalizada de equilibrio. Sin embargo, la patología de la EP parece incluir mucho más que la función nigrostriatal, ya que se reconoce cada vez más que la EP se extiende a través de los sistemas nervioso central y periférico a través de muchos sistemas de neurotransmisores/neurotransmisores diferentes, neuroinflamación, disfunción mitocondrial, mutaciones genéticas, agregación de proteínas anómalas (particularmente de α-sinucleína) y otros factores. Por lo tanto, las complejidades de la EP sugieren más un proceso sindrómico que un único proceso de enfermedad con vías patogenéticas variadas que también resultan en presentaciones clínicas diversas. Tradicionalmente, las opciones de tratamiento para la EP se han centrado principalmente en estrategias de tratamiento dopaminérgico para manejar los síntomas progresivos, que incluyen el impacto en el estilo de vida de los niveles disminuidos de dopamina. Este régimen incluye principalmente levodopa, además de opciones de agonistas de la dopamina y una variedad de terapias adyuvantes. Aunque estos primeros tratamientos son completamente transformadores de la vida y brindan una mejora considerable durante los primeros años, su beneficio eventualmente disminuye y, fundamentalmente, simplemente no alteran la progresión de la enfermedad. Recientemente, ha habido un esfuerzo concertado para identificar opciones de tratamiento que no sean simplemente un tratamiento de reemplazo dopaminérgico, sino que puedan alterar algunos aspectos de la enfermedad, incluyendo varios enfoques novedosos que investigan la salud mitocondrial, la neuroinflamación, la autofagia, la agregación de α-sinucleína y la regulación genética en estudios preclínicos y clínicos tempranos. Esta revisión examina críticamente la visión clásica de la EP que ocurre como resultado de la disfunción dopaminérgica, se extiende a conceptos modernos que incluyen anormalidades a niveles celulares y moleculares, y describe nuevas estrategias de tratamiento que reflejan fundamentalmente la naturaleza multifactorial de la EP. Sin embargo, su objetivo central es dirigir a la audiencia hacia intervenciones que no solo alivien los síntomas sino que también prometan detener o revertir la enfermedad, ofreciendo en última instancia una renovada esperanza tanto a los pacientes como a los médicos.
Godde et al. (Tue,) estudiaron esta cuestión.