Resumen La fístula traqueoesofágica (FTE) representa una conexión patológica entre la tráquea y el esófago, clasificada en categorías congénitas y adquiridas. La FTE congénita surge de malformaciones embriológicas, coexistiendo a menudo con atresia esofágica (AE), mientras que la FTE adquirida proviene principalmente de malignidades, radioterapia o trauma. Esta condición interrumpe las funciones anatómicas normales, causando problemas clínicos significativos, como aspiración, infecciones respiratorias y desnutrición. La revisión actual consolida hallazgos sobre la etiología, clasificación y mecanismos patológicos de la FTE, enfatizando cómo los factores genéticos, de desarrollo y externos moldean su ocurrencia y progresión. Los avances diagnósticos, que incluyen imágenes radiológicas, evaluaciones endoscópicas y nuevas técnicas de monitoreo, han refinado la evaluación clínica. Los paradigmas de tratamiento para la FTE varían desde intervenciones endoscópicas mínimamente invasivas hasta enfoques quirúrgicos tradicionales y novedosos. La gestión conservadora, como las terapias nutricionales y antiinfecciosas, sigue siendo vital, especialmente para los casos más leves. Las terapias emergentes en medicina regenerativa, como andamios de tejidos y plasma rico en plaquetas, ofrecen un potencial transformador para los casos refractarios. Los avances futuros se orientan hacia la exploración de la impresión 3D, la inteligencia artificial y la medicina de precisión. La necesidad de colaboración multidisciplinaria se subraya en la optimización de la atención integral al paciente. Si bien los progresos significativos han mejorado las tasas de curación y los resultados a largo plazo, la investigación continua sobre tecnologías innovadoras y ensayos clínicos que aborden las brechas de conocimiento en la eficacia a largo plazo sigue siendo crucial.
Li et al. (Martes,) estudiaron esta cuestión.