La adicción digital entre los jóvenes ha surgido como una respuesta maladaptativa a entornos cada vez más interconectados, móviles y curados algorítmicamente. Esta revisión narrativa sintetiza la evidencia actual sobre los mecanismos, la sintomatología y las secuelas en la salud mental asociadas con el compromiso digital compulsivo en adolescentes y jóvenes adultos. Las vulnerabilidades neurodesarrollo—particularmente la sensibilidad a las recompensas aumentada y el control cognitivo inmaduro—se intersecan con características de diseño persuasivo como recompensas variables, desplazamiento infinito y validación social para aumentar la susceptibilidad. Clínicamente, la adicción digital refleja las adicciones conductuales, presentándose con preocupación, pérdida de control, escalada, irritabilidad similar a la de la retirada y persistencia a pesar del daño. Las discapacidades funcionales abarcan interrupciones del sueño, declive académico y conflictos relacionales. Las expresiones fenotípicas incluyen el uso compulsivo de redes sociales, videojuegos, videos de formato corto y plataformas de mensajería, a menudo co-ocurriendo y reforzadas por el acceso ubicuo a teléfonos inteligentes. Las implicaciones para la salud mental son sustanciales y bidireccionales: el uso problemático predice y es predicho por síntomas de depresión y ansiedad, agravados por la reducción del sueño, el retraso circadiano y la exposición al ciberacoso. Los jóvenes con rasgos de TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) o desafíos en la función ejecutiva son particularmente vulnerables a los bucles compulsivos. El riesgo se concentra entre los adolescentes tempranos y medios, aquellos con síntomas internalizantes, mala higiene del sueño, alta impulsividad, bajo monitoreo parental y jóvenes marginados que dependen de los espacios digitales para la pertenencia social. Factores contextuales como el conflicto familiar, el estrés académico y la dinámica de pares en línea moldean las trayectorias, mientras que las disparidades socioeconómicas y regionales modulan la expresión. La evidencia apoya intervenciones multinivel que incluyen higiene del sueño enfocada, terapias cognitivo-conductuales y familiares, currículos escolares que promueven la conciencia metacognitiva y salvaguardias a nivel de plataforma. La futura investigación debería priorizar estudios longitudinales específicos del fenotipo y marcos conscientes de la equidad para informar respuestas escalables y ajustadas al desarrollo.
Syed Tabish (Wed,) estudió esta pregunta.
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