A nivel mundial, 1 de cada 5 niños menores de 5 años sufre de desnutrición; comúnmente en países de bajos y medianos ingresos. La ingesta inadecuada de nutrientes y energía pone a los niños en riesgo de crecimiento rezagado, lo que se asocia con un desarrollo tardío, mayor mortalidad y reducción de la productividad en la edad adulta. Investigamos enfoques globales para gestionar el retraso en el crecimiento en niños pequeños (de 1 a 5 años) revisando investigaciones sobre intervenciones centradas en la nutrición y marcos de salud pública. Nuestro objetivo fue identificar componentes de atención y monitoreo nutricional efectivos. Examinamos 1,636 estudios, revisamos 207 resúmenes y textos completos, e incluimos 9 estudios para el análisis final. Estos estudios, realizados en China, Colombia, Guatemala, Haití, India, México (n = 2), Perú y Vietnam, evaluaron resultados clínicos como antropometría e ingesta dietética. La mayoría de las intervenciones incluyeron educación nutricional para cuidadores (n = 7), pero ninguna utilizó tamizajes nutricionales rutinarios y frecuentes; solo 4 incluyeron seguimientos frecuentes, 3 evaluaron la frecuencia de la lactancia y 4 utilizaron suplementos de macronutrientes y micronutrientes según fuera necesario. Se informaron resultados económicos en 4 estudios, mientras que los resultados de procesos y clínicos fueron comunes (n = 7). Según nuestra revisión, las intervenciones para el retraso en el crecimiento deberían incluir: (i) tamizaje rutinario de cada niño para detectar riesgo nutricional basado en las directrices de la OMS y UNICEF, (ii) educación nutricional dirigida a cuidadores, (iii) suplementación con macronutrientes y micronutrientes según sea necesario, y (iv) seguimiento regular para monitorear el crecimiento y el estado nutricional. Aunque la base de evidencia fue pequeña, los criterios de inclusión rigurosos se centraron en intervenciones comunitarias de múltiples componentes. Esto resalta la necesidad de una investigación en implementación ampliada, particularmente en regiones con pocos recursos. Estrategias integrales y a múltiples niveles son esenciales para abordar los riesgos de salud a largo plazo de la desnutrición pediátrica.
Sharn et al. (Tue,) estudiaron esta cuestión.