Resumen No hay muchos hombres en América que hayan sido capacitados en y hayan practicado la silvicultura, que se hayan involucrado en el negocio de la madera, que hayan servido como comisionados de impuestos estatales y que al final se encuentren dedicados al negocio bancario. Sin embargo, tal hombre es el autor de "Un inversor de un banco de ahorros observa la silvicultura." Los lectores de este artículo lo encontrarán completamente desprovisto de consideraciones financieras teóricas. En cambio, encontrarán una abundancia del sentido común habitual. Aunque el autor no pinta un cuadro demasiado optimista de las posibilidades de las prácticas forestales en Nueva Inglaterra, es, sin embargo, reconfortante.
Edgar C. Hirst (Mon,) estudió esta cuestión.