Introducción: El consumo perjudicial de alcohol es un importante contribuyente a la carga global de enfermedades, causando aproximadamente tres millones de muertes prematuras cada año e imponiendo una presión sustancial sobre los sistemas de salud y las economías en todo el mundo. Este estudio examina el consumo perjudicial de alcohol entre refugiados en Uganda, donde la migración forzada, el trauma y las dificultades socioeconómicas aumentan el riesgo de abuso de sustancias y los resultados de salud asociados. Métodos: Este fue un análisis de datos secundarios de una encuesta de Evaluación de Impacto del VIH basada en la población (PHIA) representativa a nivel nacional de la PHIA de Refugiados de Uganda 2021. El consumo perjudicial de alcohol se definió de acuerdo con las directrices del Test de Identificación de Trastornos por Consumo de Alcohol de la OMS, y los datos fueron analizados utilizando estadísticas descriptivas y regresión logística multivariable en R. Resultados: De los 2610 encuestados, el 5.7% informó sobre el uso perjudicial de alcohol. El consumo perjudicial de alcohol fue significativamente mayor entre los hombres (9.7%) en comparación con las mujeres (3.5%), con una prevalencia que alcanzó el 11% entre aquellos de 35 a 39 años. Los análisis multivariables identificaron el género masculino, la edad avanzada (con una razón de probabilidades ajustada aOR de 8.56 para las edades de 35 a 39) y el estado civil de divorciado (aOR = 2.46) como predictores independientes robustos del consumo perjudicial de alcohol. En contraste, los factores socioeconómicos como la riqueza y la región mostraron una influencia mínima, mientras que la educación secundaria y terciaria correlacionó paradójicamente con un mayor riesgo (P < 0.001), destacando la necesidad de intervenciones de salud pública específicas. Conclusión: El estudio revela que el consumo perjudicial de alcohol es más común entre los hombres y los adultos de mediana edad en entornos de refugiados. Los responsables de políticas deben priorizar la integración de la evaluación rutinaria del alcohol y el asesoramiento personalizado dentro de los servicios de salud existentes, especialmente para poblaciones de alto riesgo. Fortalecer las estrategias de intervención para poblaciones de alto riesgo es esencial, y este enfoque podría mejorar la detección temprana y el apoyo.
Ng’ambi et al. (Tue,) estudiaron esta cuestión.
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