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En las narrativas bio-/necropolíticas, la frontera penetra e insiste, es decir, transforma, los cuerpos de las personas en movimiento, marcando la violencia constitutiva de la hospitalidad o hostilidad basada en la soberanía. Sin embargo, lo que se descuida en gran medida de manera conceptual en tales relatos, es la actividad subversiva y arriesgada de las personas en movimiento que, a su vez, insisten en la frontera al superarla y transgredirla. Las extensiones de la bio-/necropolítica que se centran en los aspectos debilitantes de la violencia estatal muestran cómo la frontera se extiende más allá de un estado liminal que reproduce binarios – como exclusión/inclusión, (no)ciudadanía y (il)legalidad – permitiendo así un reenfoque de las personas en movimiento como agentes. Este artículo busca (re)formular la idea de una ‘frontera-como-ensamble’ al ofrecer una lectura somatecnológica de la transgresión fronteriza. El cuerpo en movimiento forma parte de este ensamble ya que desafía y reproduce la frontera a través de diferentes tecnoscapes. En particular, me concentro en la escena de la sala de examen forense donde las personas en movimiento deben probar su merecimiento al exponer sus cuerpos a una mirada medicalizadora-moralizadora. Esta escena forma el punto de entrada a una consideración de los enredos somatecnológicos que dan forma al ensamble del cuerpo migrante. También reflexiono sobre cómo las somatecnologías podrían movilizarse para pensar el cuerpo como un posible sitio de lucha contra esta objetivación (física y epistémicamente) violenta y, al hacerlo, ofrecer nuevas perspectivas sobre la resistencia fronteriza a través de la negativa y como reclamo de opacidad.
Alina Achenbach (jue,) estudió esta cuestión.