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El tema de este artículo ha mantenido un interés duradero entre los historiadores durante muchos años y se refiere a cuestiones significativas sobre los orígenes de la Segunda Guerra Mundial. Las evaluaciones de las garantías anglo-francesas a Polonia y Rumania en la literatura histórica varían ampliamente, desde respaldos oficiales alineados con las opiniones del primer ministro británico N. Chamberlain y sus ministros hasta evaluaciones críticas. Los documentos del fondo del Ministerio de Relaciones Exteriores en los Archivos Nacionales en Londres presentados en el artículo permiten corregir gran parte del material publicado y entender la motivación de los apaciguadores y sus combinaciones diplomáticas. La anexión alemana de Checoslovaquia en marzo de 1939 no significó el abandono del Reino Unido de las políticas de apaciguamiento, en contraste con las creencias de muchos historiadores occidentales. De manera similar, las garantías anglo-francesas a Polonia y Rumania no constituyeron una “revolución diplomática”. El análisis del autor concluye que estas garantías tenían como objetivo apaciguar la opinión pública en los estados occidentales, que abogaban por una alianza antialemana más amplia, y estaban destinadas a disuadir a Hitler. Sin embargo, las demandas nazis de concesiones totales similares a las de Múnich eran inaceptables. La era de Múnich había pasado, y Hitler estaba decididamente decidido a invadir Polonia, lo que hizo el 1 de septiembre de 1939. Gran Bretaña y Francia declararon la guerra a Alemania el 3 de septiembre, pero las acciones militares fueron escasas en el Frente Occidental, marcando el comienzo de la “Guerra Falsa”, un conflicto caracterizado por compromisos militares mínimos. Este fue el resultado de las políticas de apaciguamiento previas a la guerra hacia los estados fascistas.
A. Ivanov (mié,) estudió esta cuestión.