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La selección sexual ha dado lugar a algunos de los rasgos más elaborados vistos en los animales, muchos de los cuales se utilizan como armas. Estas armas pueden ser increíblemente diversas, incluso dentro de las especies. Tal variación morfológica se ha atribuido en gran medida al entorno en el que se crían los individuos y su genética. Sin embargo, la variación en la forma de las armas también podría ser el resultado de un desgaste por su uso. Este mecanismo ha recibido relativamente poca atención. En este estudio, demostramos que las armas seleccionadas sexualmente pueden desgastarse por el uso repetido, proporcionando evidencia experimental de que el uso de armas puede contribuir a la diversidad de formas de armas observadas dentro de las especies. En un segundo experimento, demostramos que tener un arma desgastada disminuye la capacidad de combate de un individuo. Este hallazgo ilustra que la forma de un arma puede tener un papel importante en la determinación de los resultados de los enfrentamientos. En general, estos resultados sugieren que los individuos están limitados en el número de veces que pueden utilizar eficazmente sus armas, lo cual puede ser un factor (entre otros) que influye en la frecuencia con la que un animal participa en una pelea.
McEvoy et al. (Tue,) estudiaron esta cuestión.