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Experimentos revolucionarios en el espacio, llevados a cabo en el siglo XXI, probaron la no existencia física del espacio y el tiempo. El espacio infinitamente extendido también está uniformemente lleno de materia ilimitada en forma de cúmulos discretos de masa-energía. El tiempo, por otro lado, resulta ser una fijación de la secuencia y duración de las relaciones de causa y efecto en cualquier proceso que ocurra en y entre objetos materiales. Por lo tanto, la naturaleza es dualista: existe en forma de dos principios condicionalmente independientes: no-existencia (continuum espacio-temporal no existente) y ser (el Cosmos material-ideal existente). Al mismo tiempo, la existencia física de la materia es impensable sin la no-existencia física del espacio-tiempo. El Cosmos también es dualista, dividiéndose en dos objetos interdependientes: a) el material transitorio (masa-energía) y el ideal imperecedero (leyes, principios y algoritmos de la existencia de la materia); b) los innumerables pequeños Universos dinámicos de masa-energía (galaxias y sus cúmulos). Juntos constituyen un Gran Universo estacionario, ilimitado en masa y energía. Al mismo tiempo, lo material y lo ideal juntos forman cuatro pasos interconectados de la pirámide del Cosmos: a) el mundo de las partículas elementales; b) el mundo de las galaxias, estrellas y planetas; c) la esfera de lo orgánico; d) la esfera de la cultura. En consecuencia, una mente similar a la humana resulta ser un elemento categóricamente imperativo del Cosmos. Esta conclusión se deriva del hecho de la duración limitada de la fase activa de la existencia de los Pequeños Universos. Esta última circunstancia está asociada con un deterioro irreversible en la calidad de la energía de las estrellas y la extinción de su ciclo de vida. Sin embargo, actualmente la física no conoce ningún proceso natural capaz de regenerar la masa-energía de las estrellas envejecidas y revivir su actividad. En consecuencia, para la reanudación artificial de la actividad vital de los Pequeños Universos, de hecho, para mantener la existencia eterna del Gran Universo, se necesita una mente similar a la humana (un principio antropico superfuerte). Así, existe la necesidad de repensar el fenómeno de la evolución como un proceso global que abarca las especificidades de la existencia interconectada de los cuatro "horizontes" de la Naturaleza.
G. V. Givishvili (Mon,) estudió esta cuestión.
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