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El término desinformación se utiliza generalmente para referirse a información que es falsa y perjudicial, en contraste con la desinformación (falsa pero inofensiva) y la malinformación (perjudicial pero verdadera); la desinformación también se entiende generalmente como un fenómeno que implica coordinación y que es intencionalmente falsa y/o perjudicial. Sin embargo, los estudios particulares rara vez aplican todos estos criterios al discutir casos. Hacerlo implicaría aplicar al menos tres marcos de problemas distintos: un marco epistémico para detectar que una proposición en circulación es falsa, un marco conductual para detectar los esfuerzos coordinados para comunicar esa proposición, y un marco de seguridad para identificar amenazas o riesgos de daño asociados con la creencia generalizada en la proposición. En cuanto a la cuestión de la intencionalidad, se pueden captar diferentes tipos de pistas dentro de cada marco, aunque ninguna por sí sola es probablemente concluyente. Sin embargo, los estudios particulares tienden a centrarse en o priorizar un único marco. Muchos hoy en día buscan hacer recomendaciones políticas sobre la lucha contra la desinformación, y priorizan las preocupaciones de seguridad sobre las exigencias de la diligencia epistémica. Esto conlleva un riesgo real de que la investigación sobre la desinformación sea 'arma' en contra de verdades inconvenientes. Contra enfoques combativos, este artículo aboga por un enfoque crítico que reconoce la importancia de la diligencia epistémica y la transparencia sobre suposiciones normativas.
Tim Hayward (Mon,) estudió esta cuestión.