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Aproximadamente a principios del siglo XX, dos sociólogos, W. E. B. Du Bois y E. Franklin Frazier, produjeron narrativas separadas que describen el legado de la esclavitud. Du Bois documentó tanto las aparentes consecuencias negativas como la manera en que muchos ex-esclavos lograron “mejorar” en un corto período de tiempo, tras la Emancipación. Frazier afirmaba que, al salir de la esclavitud, los ex-esclavos eran una comunidad rota y dañada en urgente necesidad de asimilación. En la década de 1930, cuando los psicólogos negros entraron en escena, su contribución tendió a favorecer y extender el trabajo de Frazier, resultando en una serie de estudios que documentan el autosabotaje racial y el daño al autoconcepto. Inspirada por investigaciones biológicas y genealógicas contemporáneas que muestran que el trauma puede incrustarse en las estructuras del ADN y ser transmitido de una generación a otra, Joy DeGruy teorizó que la mayoría de los afroamericanos sufren del Síndrome Post-Traumático de Esclavos (PTSS). Lo que faltaba en la teorización de DeGruy era la mención de la teoría e investigación sobre la manera en que el trauma puede resultar en resultados psicológicos positivos o Crecimiento Post-Traumático (PTG). El trabajo actual intenta resumir la teoría e investigación tanto para el PTSS como para el PTG, ya que cada uno puede aplicarse a un análisis del legado psicológico de la esclavitud.
William E. Cross (Fri,) estudió esta pregunta.