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Los escándalos siempre han sido un problema altamente relevante en la política. Al juzgar a los políticos por su mala conducta, los votantes pueden estar sesgados; pueden evaluar los escándalos en función de motivaciones individuales, como el partidismo y preocupaciones egoístas. En este trabajo, examinamos estas dos consideraciones en el caso de dos escándalos de corrupción del mundo real que involucran a un solo gobierno en funciones. Además de probar los efectos de las motivaciones partidistas en situaciones auténticas, consideramos cómo los escándalos asociados con objetivos de políticas interactúan con motivaciones personales, moldeando el grado en el que las personas penalizan a un gobierno escandaloso. A través de dos experimentos de encuesta que preparan a los encuestados sobre escándalos de corrupción del mundo real, manipulamos la redacción de las preguntas para algunos participantes y medimos sus evaluaciones del desempeño de un líder escandaloso. Encontramos un efecto por preocupaciones egoístas cuando los beneficios asociados con el escándalo son concentrados y tangibles. Nuestros hallazgos sugieren que los votantes responsabilizan a figuras públicas por mala conducta y que hay límites para las lealtades partidistas en escándalos políticos.
Filho et al. (Sat,) estudiaron esta cuestión.