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La transición digital es una prioridad clave de la autonomía estratégica de la Unión Europea. Las competencias externas de la UE sirven como instrumentos de tendencia a largo plazo, impulsando a países terceros a seguir su ejemplo en términos de aplicación a gran escala de sistemas de inteligencia artificial, garantizando la ciberseguridad, la protección de la infraestructura de redes, el uso de sistemas de big data y otras tecnologías disruptivas. Las normas y principios basados en tratados y legislativos, relacionados con tales fenómenos, cuando están consagrados en acuerdos bilaterales, interregionales e internacionales, constituyen una parte integral del incipiente 'código de ética' de la interfaz 'Humano a Máquina Inteligente' que podría anticipar en gran medida el futuro. En un orden mundial en cambio, con una creciente importancia del poder de los estados, su potencial de recursos y militar, la estabilidad de las relaciones interestatales depende de la voluntad de las grandes potencias y el compromiso de las partes con las obligaciones internacionales que asumieron. Plagadas de conflictos legales, las derogaciones conducen, de hecho, a una confrontación directa. Con un perfeccionamiento acelerado de sus herramientas de competencia externa clave en marcha, la UE se mantiene al tanto de la dinámica geopolítica en Europa. Un cambio dramático en la ecuación de poder 'blando' y 'duro' es manifiesto.
Violetta A. Laptsenak (Mié,) estudió esta cuestión.