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El estudio tuvo como objetivo evaluar la efectividad de un programa de educación nutricional culinaria a los 3 meses de seguimiento, en términos de las prácticas dietéticas y la variedad alimentaria de los niños. El ensayo controlado aleatorizado se realizó entre niños malayos de 10 a 11 años, en un entorno escolar. Los componentes principales de la intervención incluyen una sesión para padres e hijos sobre el ambiente alimentario en el hogar, seguida por 5 sesiones experienciales de preparación de comidas saludables, realizadas quincenalmente y con una duración de una hora cada una. Los datos dietéticos se recopilaron mediante un formulario guiado adaptado, conforme a las Guías Dietéticas de Malasia para Niños y Adolescentes en la línea base, post-intervención y a los 3 meses de seguimiento (intervención: n=41, control: n=42, tasa de abandono: 15.3%). En general, los niños reclutados provenían principalmente de hogares de ingresos bajos a medios (76%) cuyas familias tenían al menos educación secundaria o terciaria (95%). A los 3 meses de seguimiento, un efecto de interacción significativo entre grupo y tiempo (p<0.001) reveló que el grupo de intervención consumió granos enteros (F-stat=24.04), frutas (F-stat=30.45) y verduras (F-stat=77.69) con mayor frecuencia, mientras que la frecuencia de consumo en el grupo control permaneció relativamente estable a lo largo del tiempo. De manera similar, se observó un cambio deseable a favor del grupo de intervención (p<0.001) para granos refinados (F-stat=30.96), alimentos procesados (F-stat=49.74) y consumo de bebidas azucaradas (F-stat=40.78). Además, el grupo de intervención mostró buena variedad dietética durante la cena, en comparación con los controles (Χ2=5.655, p=0.017). Los hallazgos destacan el potencial de los programas experienciales de educación culinaria nutricional para promover comportamientos alimentarios saludables en los niños.
Ng et al. (Sun,) estudiaron esta cuestión.