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El nuevo imaginario social de la ciencia en el siglo XVIII llevó a la financiación de la ciencia y su enseñanza por parte del estado. Los liberales de Cádiz asumieron el proyecto de la Ilustración española para introducir las nuevas ciencias matemáticas y naturales, consideradas como “ciencias útiles”, en la educación, en particular, en las universidades. El Informe escrito por Quintana en 1813 para las Cortes de Cádiz para organizar el sistema de educación pública preveía fundar una universidad científicamente elitista en Madrid, la “Universidad Central”, que contendría la enseñanza de todas las ciencias y serviría para formar al personal docente de las otras universidades. La idea, sin embargo, provenía de Narganes de Posada. Este Informe fue legalmente plasmado en 1814 en un borrador de decreto, que fue aprobado en 1821 durante los Tres Años Liberales. En 1822, se creó la Universidad Central, pero duró solo unos meses, hasta que la idea fue desarrollada por los liberales isabelinos cuando tomaron nuevamente el gobierno en 1833.
Rafael Valeriano Orden Jiménez (Mar,) estudió esta cuestión.