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Este artículo tiene como objetivo arrojar luz sobre el papel decisivo e influyente del funcionamiento mental del aprendiz en el proceso de aprendizaje y adquisición de las herramientas del pensamiento filosófico, que se representan principalmente en la problematicidad, conceptualización y argumentación. El pensamiento filosófico, como un pensamiento racional y consciente, requiere que el aprendiz adquiera y emplee un conjunto de habilidades como: cuestionamiento, crítica y argumentación, análisis y síntesis, abstracción y generalización. Sin embargo, la adquisición y el empleo de estas diversas habilidades dependen inevitablemente de su capacidad para procesar información; atención, selección, almacenamiento, recuperación y uso. En consecuencia, se ha vuelto necesario para el profesor de filosofía entender la naturaleza del funcionamiento cognitivo y la actividad mental del aprendiz, donde las dimensiones cognitivas y emocionales se mezclan en una unidad dinámica que no puede ser separada o dividida. A pesar de la importancia de los sistemas de memoria en el proceso de procesamiento de información, presiones emocionales severas, como la ansiedad y el estrés, pueden paralizar la capacidad del sistema de memoria y obstaculizar su rendimiento en sus funciones, lo que afecta negativamente el proceso de aprendizaje y adquisición de las herramientas del pensamiento filosófico y sus competencias básicas.
ABBOU et al. (Vie,) estudiaron esta cuestión.