La impresión tridimensional (3D), también conocida como fabricación aditiva (AM), ha emergido como una tecnología transformadora en el campo farmacéutico, permitiendo la fabricación precisa de formas de dosificación a través de un enfoque capa por capa. En las últimas tres décadas, ha evolucionado de ser una herramienta de prototipado a una plataforma prometedora para la medicina personalizada y los sistemas avanzados de liberación de fármacos. La impresión 3D permite la personalización de la dosificación de medicamentos, la geometría y los perfiles de liberación, ofreciendo soluciones para tratamientos específicos para el paciente, especialmente en pediatría, geriatría y enfermedades complejas. Varias técnicas de impresión—including Fused Deposition Modelling (FDM), Selective Laser Sintering (SLS), Semi-Solid Extrusion (SSE) y Inkjet Printing—permiten la fabricación de tabletas orales, implantes, microneedles y dispositivos biomédicos con características de liberación controlada. A pesar de estas ventajas, persisten desafíos relacionados con la selección de excipientes de grado farmacéutico adecuados, la resistencia mecánica, la aprobación regulatoria y el cumplimiento de las Buenas Prácticas de Manufactura (GMP). Las perspectivas futuras incluyen la integración de la impresión 3D con nanotecnología, inteligencia artificial (IA) y bioprinting para la fabricación de medicamentos bajo demanda, ingeniería de tejidos y medicina regenerativa. En general, la impresión 3D tiene un inmenso potencial para revolucionar la industria farmacéutica al facilitar el desarrollo de medicamentos personalizado, rentable y sostenible adaptado a las necesidades de cada paciente.
Mounika et al. (Sáb,) estudiaron esta cuestión.