Resumen Cuando el Papa Francisco criticó enérgicamente el modelo económico dominante, abrió un amplio debate público sobre la justicia, la sostenibilidad y la dignidad humana. Este debate, aunque ahora más moderado, puede ayudarnos a reconocer el capital narrativo, como lo describe Luigino Bruni, que la Iglesia ofrece para enriquecer el pensamiento económico. Esta narrativa es el principio del destino universal de los bienes, uno de los fundamentos clave de la doctrina social católica. Este principio destaca que el derecho legítimo a la propiedad privada no es absoluto, sino que siempre está orientado hacia el bien común. Dentro de este marco trascendental, la propiedad, ya sea privada o colectiva, encuentra su verdadero significado y propósito en el servicio a todos. En las últimas décadas, la economía misma ha estado buscando nuevas estructuras más justas y sostenibles. Entre ellas, se puede entender el emprendimiento de impacto y la propiedad fiduciaria, a través de la teología de los signos de los tiempos, como aplicaciones concretas del principio del destino universal de los bienes. Por lo tanto, este artículo esboza la crítica del Papa Francisco al capitalismo contemporáneo, traza la continuidad de la doctrina social católica y explora cómo estos modelos económicos emergentes encarnan sus perspectivas éticas. El propósito de la economía, en última instancia, no es la acumulación de riqueza, sino la circulación justa y generadora de vida de capital, bienes y servicios al servicio del bien común.
Bruno Petrušić (Fri,) estudió esta cuestión.
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