Justificación: Los tumores lipomatosos son raros en la población pediátrica. Los tumores lipomatosos pueden desarrollarse en cualquier lugar del cuerpo; sin embargo, son muy poco comunes en el área retroperitoneal. Los tumores lipomatosos representan la categoría predominante de neoplasias de tejidos blandos. Desde 1980 se han reportado solo 3 casos de lipoma retroperitoneal pediátrico. Informamos sobre un tumor lipomatoso benigno retroperitoneal y la recopilación de literatura sobre lesiones benignas retroperitoneales. Preocupaciones del paciente: Una niña sudasiática de 2 años que presentaba 13 meses de aumento de distensión abdominal y fiebre intermitente fue referida a nuestro hospital. La niña no tenía trauma ni síntomas gastrointestinales como vómitos, diarrea o estreñimiento. Diagnósticos: Una ecografía abdominal mostró un gran tumor ecogénico en el abdomen medio. El tumor ocultó el intestino sin calcificación ni necrosis grasa. Un escáner Doppler color indicó que no había flujo sanguíneo en la lesión. La tomografía computarizada del cuello, tórax y abdomen con contraste IV mostró una masa hipodensa heterogénea bien circunscrita, no realzada, desde el hipocondrio izquierdo hasta la pelvis en la región abdominal izquierda. La masa medía 18.4 × 14.8 × 13.6 cm, y sus unidades Hounsfield variaron de −66 a −90, indicando tejido adiposo. La histopatología mostró un lipoma benigno hecho de células grasas maduras y fibrillas delgadas sin malignidad, atipia celular ni necrosis. Intervenciones: El paciente se sometió a resección quirúrgica mediante laparotomía, logrando una resección completa con márgenes negativos. Resultados: El paciente fue dado de alta el día 4 después del procedimiento, tras una recuperación sin complicaciones. Después de 6 semanas, la niña estaba asintomática en el control. Lecciones: El pronóstico a largo plazo del lipoma retroperitoneal en niños sigue siendo inadecuadamente caracterizado en comparación con los adultos debido a la pequeña cantidad de casos. La literatura actual sugiere que la resonancia magnética, la tomografía computarizada y FISH son las opciones diagnósticas más adecuadas. Un seguimiento extendido es esencial en pacientes pediátricos.
Fatima et al. (Fri,) estudiaron esta pregunta.