El número de personas desplazadas por la fuerza en todo el mundo continúa aumentando cada año debido a conflictos armados, violaciones de derechos humanos y desastres naturales. Muchos otros migran en busca de mejores condiciones de vida. Las personas con enfermedad renal crónica, especialmente aquellas que requieren terapia de reemplazo renal, son especialmente vulnerables durante el desplazamiento. La preparación es crucial para minimizar los riesgos para estos pacientes. La educación y la capacitación proporcionadas en el período previo a un desastre pueden aumentar la resiliencia de los pacientes y mejorar los resultados. Las fuerzas de tarea locales o nacionales de ayuda en desastres renales podrían ayudar a coordinar los esfuerzos de evacuación y atención a los pacientes migrantes, asegurando la colaboración entre las partes interesadas. Si bien proporcionar atención renal de alta calidad es esencial, desafíos como los costos de atención médica, problemas de reembolso y barreras sociales o culturales pueden limitar el acceso en los países anfitriones. También es crítico abordar las necesidades psicológicas de las personas desplazadas. Cuidar a los pacientes desplazados plantea preocupaciones éticas, lo que lleva a un desgaste moral y al agotamiento entre los proveedores de atención médica. Los esfuerzos de colaboración para abordar estos desafíos son esenciales para garantizar los mejores resultados tanto para los individuos desplazados como para los países anfitriones.
Pawłowicz-Szlarska et al. (Thu,) estudiaron esta cuestión.