Envejecer es encontrarse con una de las paradojas más profundas de la vida. El envejecimiento trae consigo los recordatorios de la mortalidad: articulaciones dolorosas, energía decreciente, amigos y cónyuges que enferman o fallecen. Sin embargo, también ofrece una oportunidad extraordinaria para vivir con perspectiva, destilar la experiencia en sabiduría y considerar qué legados deseamos dejar atrás. La longevidad se ha convertido en un sello distintivo de la modernidad, pero los años añadidos no garantizan un significado o dignidad añadidos.
Inna Rozentsvit (mié,) estudió esta cuestión.