La miopía presenta una creciente preocupación de salud pública entre los niños en edad preescolar y escolar, y se ha asociado con una reducción de la exposición a la luz natural y el uso excesivo de dispositivos digitales. Las proyecciones globales indican que, para 2050, casi la mitad de la población mundial se verá afectada por la miopía. Las estrategias ópticas basadas en el principio de desfocalización periférica miopía, como las lentes HAL, DIMS, MiYOSMART, Stellest y DOT, han emergido como los métodos no invasivos más efectivos para ralentizar la progresión de la miopía en los niños. Los estudios clínicos muestran que estas lentes reducen la elongación axial del ojo en un 50-80% en comparación con las lentes monofocales estándar, mientras que preservan el equilibrio binocular y causan efectos adversos mínimos. Las lentes HAL logran el efecto general más estable, mientras que el diseño DIMS muestra una mayor eficacia en niños con progresión más lenta de la miopía. Estudios a largo plazo confirman que estos enfoques ópticos no causan un efecto rebote al discontinuarse y son seguros para su uso prolongado. La integración de intervenciones ópticas con medidas educativas y preventivas en la primera infancia es clave para un enfoque holístico a la protección de la visión y el control de salud pública de la miopía.
Mirković et al. (miércoles) estudiaron esta cuestión.