Desde 1959, Miami ha sido el principal punto de entrada para inmigrantes latinoamericanos en Estados Unidos, lo que ha convertido a la ciudad en un foco de conflicto social entre razas y culturas en el país. En Miami, una lógica predominante de privatización del espacio urbano y la tradición moderna de planificación urbana heredada basada en el uso del automóvil y comunidades suburbiales cerradas han llevado a una creciente tensión entre individuos y grupos con diferentes antecedentes culturales, sociales, étnicos y económicos. En contraste, el vecindario de Little Havana, epicentro de los exiliados cubanos en Miami durante años y trampolín para nuevos inmigrantes latinoamericanos, se ha convertido no solo en el vecindario más multicultural, sino también en el menos conflictivo de la ciudad. La configuración espacial del espacio público de Little Havana y su uso por parte de los ciudadanos de Miami han hecho posible la coexistencia de estas diferentes formas de vida. En este artículo, un análisis de diferentes intervenciones a pequeña escala, eventos comunitarios y configuraciones espaciales restantes creadas por los primeros emprendedores cubanos en Little Havana, revelará la posibilidad de una práctica urbana diferente en Miami, basada en intervenciones a pequeña escala y la activación del espacio público.
Nuria Alvarez Lombardero (Sun,) estudió esta cuestión.