Desde que el Tratado de Maastricht entró en vigor en 1992, la UE ha buscado mejorar su capacidad como actor dentro de la política de seguridad. Un paso importante en este proceso fue la Estrategia de Seguridad Europea de 2003, que introdujo el objetivo de la UE de desarrollar una cultura estratégica europea común. El conflicto en Libia, en muchos sentidos, parecía una oportunidad ideal para que la UE se manifestara como un importante actor de seguridad y para cumplir sus ambiciones estratégicas tal como se describen en la Estrategia de Seguridad Europea de 2003. En cambio, debido a desacuerdos internos sobre el uso de la fuerza, la UE no pudo forjar una posición común de importancia y, por lo tanto, una vez más permaneció en la periferia. Este artículo examina la cultura estratégica de la Unión Europea y lo que el conflicto en Libia, 2011, nos dice sobre la emergencia de tal cultura estratégica y la capacidad de la UE como actor en la política de seguridad. Se argumenta que la divergencia en las culturas estratégicas nacionales dentro de la UE sigue siendo un importante obstáculo para las ambiciones de la UE de asumir más responsabilidad en el ámbito de la política de seguridad, y que el alcance de la futura acción de la UE en el campo de la seguridad dura es aún más estrecho de lo que se había imaginado anteriormente. El conflicto en Libia mostró cuán lejos está la UE de haber desarrollado una cultura estratégica adecuada que le permita sostenerse como un actor de seguridad.
Hansen et al. (Martes,) estudiaron esta cuestión.