El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) en niños y jóvenes comúnmente se presenta junto con comorbilidades neurodesarrolladas como el trastorno del espectro autista (TEA) y el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). Estas presentaciones a menudo se asocian con un mayor deterioro funcional y plantean desafíos significativos en el diagnóstico y tratamiento. Describimos el caso de una mujer adolescente con TOC, TEA y TDAH que presentó un deterioro en su estado mental, caracterizado por rituales de aseo y autocuidado relacionados con la simetría que duraban hasta cuatro horas diarias, estado de ánimo bajo, sueño deficiente, aislamiento social, ideación suicida y un marcado deterioro en el funcionamiento diario. Ella había sido estabilizada previamente con sertralina (200 mg) y lisdexamfetamina (60 mg). El empeoramiento de los síntomas y el deterioro funcional levantaron la posibilidad de un beneficio de la augmentación antipsicótica, y se inició el tratamiento con quetiapina. Esto fue guiado por pruebas farmacogenéticas tras una mala respuesta inicial a la medicación para el TDAH y efectos adversos al comenzar la sertralina. Después de tres meses de tratamiento con quetiapina, mostró una mejora funcional, incluyendo una reducción en los rituales de simetría y una mejor participación social. Este caso destaca las complejidades de la gestión psicológica y farmacológica del TOC en el contexto de la comorbilidad neurodesarrollada. Una mejor comprensión de la psiquiatría de precisión en el TOC con comorbilidad de TEA puede facilitar el desarrollo de enfoques de tratamiento más personalizados, incluyendo intervenciones psicológicas adaptadas neurodesarrolladamente y estrategias farmacológicas dirigidas.
Adegbola et al. (Mon,) estudiaron esta cuestión.