Las terapias mente-cuerpo recibieron la retroalimentación más positiva, mientras que las terapias de biocampo fueron recibidas con mayor escepticismo. Estos hallazgos destacan el interés en CAIM entre los investigadores y clínicos del dolor y enfatizan la necesidad de más investigación y educación adaptada a esta área.
Ng et al. (Sat,) estudiaron esta cuestión.