En la última década, el manejo de la leucemia linfocítica crónica (LLC) ha experimentado una transformación fundamental impulsada por la introducción de inhibidores orales dirigidos. La inhibición continua de la cinasa de Bruton (BTK) y la terapia limitada en el tiempo basada en BCL-2 han reemplazado a la quimioinmunoterapia como el estándar de atención, mejorando la supervivencia y la calidad de vida. Ibrutinib y sus análogos de próxima generación, acalabrutinib y zanubrutinib, brindan un control duradero de la enfermedad con mayor seguridad. Al mismo tiempo, venetoclax combinado con anticuerpos anti-CD20 permite remisiones profundas y medibles libres de enfermedad residual (MRD) dentro de regímenes de duración fija. Los ensayos recientes han demostrado la viabilidad de la cesación del tratamiento guiada por MRD y el potencial beneficio de combinar la inhibición de BTK y BCL-2 para lograr respuestas duraderas y libres de quimioterapia. La investigación en curso se centra en optimizar la secuenciación del tratamiento, superar la resistencia adquirida a través de inhibidores de BTK no covalentes e integrar modalidades inmunoterapéuticas como anticuerpos biespecíficos y células CAR-T. El paradigma actual enfatiza una terapia individualizada, impulsada por biomarcadores y comorbilidades, basada principalmente en el estado de TP53 e IGHV, con selección de tratamientos adaptados a la condición física del paciente, tolerancia y seguridad a largo plazo. Esta revisión resume la evidencia contemporánea, las recomendaciones de práctica clínica y las direcciones futuras en el manejo dirigido de la LLC.
Šimkovič et al. (Wed,) estudiaron esta cuestión.