Yang y Jiang sintetizan evidencia que vincula la exposición al virus de varicela-zóster con el riesgo de enfermedad de Alzheimer y presentan un camino clínicamente intuitivo desde la infección hasta la intervención, abarcando el tratamiento antiviral y la vacunación contra el herpes zóster. La revisión es oportuna porque destaca puntos de contacto potencialmente modificables en la atención rutinaria de los adultos mayores. Basándose en su trabajo, este comentario plantea una pregunta pragmática: ¿qué evidencia adicional traduciría de manera más eficiente estas asociaciones en estrategias de prevención específicas y ejecutables, aclarando cuándo el riesgo es más actuable, qué características de intervención son más importantes y qué subgrupos podrían beneficiarse más?
Qin et al. (Fri,) estudiaron esta cuestión.