Si bien la imagen de deformación y tasa de deformación ofrece beneficios diagnósticos y pronósticos teóricos, su aplicación clínica rutinaria se ve obstaculizada por artefactos técnicos, variabilidad entre proveedores y falta de ensayos aleatorizados orientados a resultados.
Hace casi dos décadas, se propusieron las imágenes de deformación y tasa de deformación como una nueva modalidad, potencialmente más sensible, para cuantificar tanto la función miocárdica regional como global. Sin embargo, hasta ahora, las imágenes de deformación y tasa de deformación se han incorporado lentamente a la práctica clínica diaria. Más recientemente, se ha afirmado que la deformación bidimensional tiene mayor utilidad clínica, dado que es independiente del ángulo, con mejor viabilidad y reproducibilidad en comparación con la deformación por Doppler de tejido. No obstante, la deformación por seguimiento de partículas depende de la calidad de la imagen en 2D y de las tasas de fotogramas. El seguimiento de partículas en tres dimensiones podría eliminar el problema del movimiento a través del plano inherente en la imagen 2D, pero la deformación en 3D está actualmente limitada por bajas tasas de fotogramas. Otra limitación de las imágenes de deformación es que los resultados dependen de la máquina de ultrasonido en la que se realizan los análisis, con variabilidad en las mediciones entre diferentes proveedores. A pesar de las ventajas diagnósticas y pronósticas de la deformación en 2D, existe una falta de intervenciones terapéuticas específicas basadas en la deformación y una escasez de evidencia de ensayos aleatorizados a largo plazo y a gran escala sobre los resultados cardiovasculares. Después de una literatura abundante, la misma definición de valores de corte normales es controvertida y no unívoca. Se necesitan más estudios, que involucren tanto a fabricantes como a profesionales médicos, sobre la contribución aditiva, posiblemente diferente caso por caso, de factores interferentes y artefactos, aparte de la función miocárdica en sí. Estos determinantes artefactuales y componentes de artefactos de movimiento podrían ser dominantes en casos individuales y siempre deben tenerse en cuenta en el proceso de toma de decisiones clínicas en un caso único.
Gian Luigi Nicolosi (Sat,) estudió esta cuestión.