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Las emisiones de CO2 de la combustión de combustibles fósiles son la principal fuente de gases de efecto invernadero (GEI) antropogénicos. Un método para reducir las emisiones de CO2 es la tecnología CCUS (captura, utilización y almacenamiento de carbono). Una parte de la tecnología CCUS implica el secuestro mineral como su etapa final, la utilización, que se puede llevar a cabo utilizando materias primas naturales o desechos. Esta es una opción particularmente interesante para plantas de energía y CHP que utilizan carbón como su fuente principal de combustible. Los procesos de combustión producen cenizas volantes como un subproducto de desecho, que tienen un alto potencial para el secuestro de CO2. La ceniza voladora de la combustión de lignito y la ceniza voladora de calderas de lecho fluidizado tienen un potencial particularmente alto debido a su alto contenido de CaO. Las cenizas volantes se pueden utilizar en el secuestro mineral de CO2 a través de la carbonatación directa e indirecta. Ambos métodos utilizan CO2 y gases de escape. Los estudios realizados hasta ahora han analizado la influencia de factores como la temperatura, la presión y la relación líquido-sólido (L/S) en el proceso de carbonatación, que han mostrado diferentes efectos dependiendo de la ceniza utilizada y la forma del proceso. Debido a las grandes diferencias encontradas en las propiedades de las cenizas volantes, relacionadas principalmente con el tipo de combustible y caldera utilizados, el proceso de secuestro mineral de CO2 requiere mucha investigación sobre su viabilidad a escala industrial. Sin embargo, el método es prometedor para aplicaciones industriales debido a la posibilidad de reducir las emisiones de CO2 y, al mismo tiempo, recuperar desechos.
A. Uliasz–Bocheńczyk (Sat,) estudió esta cuestión.