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En las últimas tres décadas, la duración de la estancia en la unidad de cuidados intensivos pediátricos y la gravedad de la enfermedad no han cambiado, pero ha habido una reducción sustancial en la mortalidad de la unidad de cuidados intensivos pediátricos. Sin embargo, la proporción de sobrevivientes con discapacidad moderada o severa aumentó significativamente. Algunos niños que habrían sido dejados morir en 1982 y 1995 se mantuvieron con vida en 2005-2006, pero sobrevivieron con discapacidad. Esta tendencia tiene importantes implicaciones para nuestros pacientes y sus familias, y para la comunidad en su conjunto.
Namachivayam et al. (Fri,) estudiaron esta cuestión.