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La enfermedad renal crónica (ERC) es una enfermedad de alta prevalencia que se ha convertido en un problema de salud pública. La progresión de la ERC está asociada con complicaciones graves, incluyendo el trastorno mineral y óseo asociado a la ERC (ERC-MBD). Las anormalidades laboratoriales, óseas y vasculares definen esta condición, y todas han estado relacionadas de manera independiente con enfermedades cardiovasculares y altas tasas de mortalidad. La comunicación "antigua" entre el riñón y el hueso (clásicamente conocida como "osteodistrofias renales") se ha expandido recientemente al sistema cardiovascular, enfatizando la importancia del componente óseo de la ERC-MBD. Además, una mayor susceptibilidad recientemente reconocida de los pacientes con ERC a caídas y fracturas óseas llevó a importantes cambios de paradigma en las nuevas guías de ERC-MBD. La evaluación de la densidad mineral ósea y el diagnóstico de "osteoporosis" emergen en nefrología como una nueva posibilidad "si los resultados impactarán decisiones clínicas". Obviamente, aún es razonable realizar una biopsia ósea si el conocimiento del tipo de osteodistrofia renal será clínicamente útil (enfermedad ósea de bajo versus alto turnover). Sin embargo, ahora se considera que la incapacidad para realizar una biopsia ósea puede no justificar la retención de terapias antiresorptivas en pacientes con alto riesgo de fractura. Esta perspectiva se suma a los efectos de la hormona paratiroidea en los pacientes con ERC y el tratamiento clásico de la hiperparatiroidismo secundario. La disponibilidad de nuevos tratamientos antiosteoporóticos brinda la oportunidad de volver a lo básico, y el conocimiento de nuevas vías fisiopatológicas OPG/RANKL (LGR4); la vía Wnt-ß-catenina, también afectada en la ERC, ofrece grandes oportunidades para desentrañar aún más la compleja fisiopatología de la ERC-MBD y mejorar los resultados.
Aguilar et al. (Mon,) estudiaron esta cuestión.