Para prevenir que las personas con malestar psicológico se involucren en la alimentación emocional y, posteriormente, aumenten el IMC, las intervenciones deben centrarse en proporcionar estrategias efectivas. Esto puede incluir la promoción de la actividad física y ofrecer talleres de regulación emocional para manejar las emociones negativas. La educación nutricional y el asesoramiento también pueden ser beneficiosos para las personas que experimentan la alimentación emocional en el desarrollo de prácticas dietéticas más saludables.
Seok Tyug Tan (miércoles,) estudió esta cuestión.