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Se analizaron metales pesados en la leche de búfala y algunos productos lácteos reunidos de diferentes granjas lecheras, supermercados y vendedores en Mansoura, Egipto. Las concentraciones medias (mg/kg peso húmedo) de los metales pesados detectados en leche cruda, queso Kareish, queso procesado y leche en polvo fueron 0.0014, 0.0378, 0.0022 y 0.0204, respectivamente para el mercurio; 0.012, 0.0764, 0.052 y 0.120, respectivamente para el arsénico; 0.1016, 0.2924, 0.1256 y 0.3352, respectivamente para el plomo; 0.07, 0.1172, 0.0576 y 0.1252, respectivamente para el cadmio; 0.1044, 0.174, 0.1016 y 0.208, respectivamente para el cromo; y 0.0656, 0.188, 0.1272 y 0.2496, respectivamente para el cobre. Se incorporó el probiótico Lactobacillus rhamnosus en queso blando como un intento de reducir el plomo y el cadmio cuyas concentraciones se disminuyeron en un 81.5% y 74.5%, respectivamente, dentro de 48 h a 4 °C. El estudio concluyó que, aunque el límite máximo de Pb y Cd ha sido superado en el 44% al 68% de los productos lácteos analizados, los índices de evaluación de riesgo para la salud que comprenden las Ingestas Diarias Estimadas, Ingestas Diarias Tolerables Provisionales, Cociente de Peligro Objetivo e Índice de Peligro indicaron que no hay un riesgo potencial para la salud al consumir estos productos lácteos analizados. El estudio también sugirió el uso del probiótico Lactobacillus rhamnosus para minimizar los niveles de plomo y cadmio en los alimentos lácteos.
Elafify et al. (Sat,) estudiaron esta cuestión.
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