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La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que, a nivel mundial, la caries dental es la condición oral más importante. Desarrollar estrategias de prevención efectivas requiere entender cómo se desarrolla y progresa esta condición a lo largo del tiempo, pero hay pocos estudios longitudinales sobre el inicio y la progresión de caries en niños. El objetivo del estudio fue establecer el patrón de desarrollo de caries desde la infancia hasta la adolescencia y explorar el papel de factores de riesgo potenciales (edad, sexo, etnicidad y privación social). De particular interés fue la trayectoria de la caries dentinaria en los dientes permanentes en grupos definidos por la presencia o ausencia de caries dentinaria en los dientes primarios. Se realizaron exámenes intraorales para evaluar la salud oral en 4 puntos temporales por examinadores dentales entrenados y calibrados utilizando un protocolo diagnóstico nacional estandarizado. Se disponía de datos clínicos de 6,651 niños. La prevalencia media de caries (% D3MFT > 0) fue del 16.7% en el primer examen clínico (edades 7-9 años), aumentando al 31.0%, 42.2% y 45.7% en los exámenes subsiguientes. Se utilizó un modelo promedio poblacional (ecuaciones de estimación generalizadas) para modelar los datos longitudinales. Los valores medios estimados indicaron un aumento en el recuento de D3MFT a medida que los alumnos envejecían (coherente con la aparición de nuevos dientes), que fue significativamente mayor (4.49 veces; intervalo de confianza del 95%, 3.90-5.16) en aquellos alumnos con caries en su dentición primaria que en aquellos sin caries. Este estudio es uno de los pocos grandes estudios longitudinales que informan sobre el desarrollo de caries dental desde la infancia hasta la adolescencia. Los niños que desarrollaron caries en su dentición primaria tuvieron una trayectoria de caries muy diferente en su dentición permanente en comparación con sus contemporáneos libres de caries. A la luz de estos resultados, los niños libres de caries y los niños activos en caries deberían ser considerados como 2 poblaciones separadas, sugiriendo que se requieren diferentes estrategias de prevención para abordar sus diferentes perfiles de riesgo.
Hall‐Scullin et al. (Mon,) estudiaron esta cuestión.
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