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Ser racional es ser capaz de razonar. Hace treinta años, los psicólogos creían que el razonamiento humano dependía de reglas formales de inferencia similares a las de un cálculo lógico. Esta hipótesis se encontró con dificultades, lo que llevó a una visión alternativa: el razonamiento depende de imaginar las posibilidades consistentes con el punto de partida: una percepción del mundo, un conjunto de afirmaciones, una memoria o alguna mezcla de ellas. Construimos modelos mentales de cada posibilidad distinta y derivamos una conclusión de ellos. La teoría predice errores sistemáticos en nuestro razonamiento, y la evidencia corrobora esta predicción. Sin embargo, nuestra capacidad para usar contraejemplos para refutar inferencias inválidas proporciona una base para la racionalidad. Según este enfoque, el razonamiento es una simulación del mundo enriquecida con nuestro conocimiento, no un reordenamiento formal de los esqueletos lógicos de las oraciones.
P. N. Johnson‐Laird (2010) estudió esta cuestión.