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La importancia de las interacciones bidireccionales cerebro-intestino en las enfermedades gastrointestinales (GI) es cada vez más reconocida, principalmente en el área de los síndromes gastrointestinales funcionales como el síndrome del intestino irritable (SII), la dispepsia funcional y el dolor torácico funcional. El cerebro recibe un flujo constante de información interoceptiva del tracto gastrointestinal, integra esta información con otra información interoceptiva del cuerpo y con información contextual del entorno, y envía una respuesta integrada de regreso a varias células objetivo dentro del tracto gastrointestinal. Este sistema está optimizado para asegurar la homeostasis del tracto gastrointestinal durante perturbaciones fisiológicas y para adaptar la función gastrointestinal al estado general del organismo. En condiciones de salud, la gran mayoría de la información interoceptiva que llega al cerebro no es percibida conscientemente, sino que sirve principalmente como entrada a vías reflejas autónomas. En pacientes con síndromes de dolor abdominal funcional, la percepción consciente de la información interoceptiva del tracto gastrointestinal, o el recuerdo de memorias interoceptivas de tal información, puede ocurrir en forma de malestar o dolor constante o recurrente. Esto a menudo se asocia con alteraciones en la salida del sistema nervioso autónomo y con cambios emocionales. Se propone un modelo que incorpora anormalidades periféricas y centrales reportadas en pacientes con SII, extrapola alteraciones similares en las interacciones cerebro-intestino a pacientes con otros síndromes de dolor abdominal crónico y proporciona nuevos objetivos de tratamiento.
Mayer et al. (Tue,) estudiaron esta cuestión.
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