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Existen varias funciones bien documentadas de las lipoproteínas de alta densidad (HDL) que pueden explicar la capacidad de estas lipoproteínas para proteger contra la aterosclerosis. La mejor reconocida de estas es la capacidad de las HDL para promover el eflujo de colesterol desde las células. Este proceso puede minimizar la acumulación de células espumosas en la pared arterial. Sin embargo, las HDL tienen propiedades adicionales que también pueden ser antiaterogénicas. Por ejemplo, las HDL son un antioxidante efectivo. Las principales proteínas de las HDL, apoA-I y apoA-II, así como otras proteínas como la paraoxonasa que co-transporte con HDL en el plasma, son bien conocidas por tener propiedades antioxidantes. Como consecuencia, las HDL tienen la capacidad de inhibir la modificación oxidativa de las lipoproteínas de baja densidad (LDL) en un proceso que reduce la aterogenicidad de estas lipoproteínas. Las HDL también poseen otras propiedades antiinflamatorias. En virtud de su capacidad para inhibir la expresión de moléculas de adhesión en células endoteliales, reducen el reclutamiento de monocitos sanguíneos en la pared arterial. Estas propiedades antioxidantes y antiinflamatorias de las HDL pueden ser tan importantes como su función de eflujo de colesterol en términos de protección contra el desarrollo de la aterosclerosis.
Barter et al. (Jue,) estudiaron esta cuestión.
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