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Si la empresa de investigación médica del país va a hacer las contribuciones que está en condiciones de ofrecer, el progresivo y peligroso declive en el número de médicos-científicos debe ser revertido. Este declive--más pronunciado entre los estudiantes en formación y los investigadores jóvenes--ha resultado de: presiones sociales hacia carreras en atención primaria; desincentivos económicos, un cambio en las prioridades de financiación; y el crecimiento de la atención gestionada. Dado que los médicos-científicos son participantes indispensables en el flujo bidireccional de información de la cama al laboratorio, y dado que ninguna agencia sola puede corregir este problema, se recomienda un esfuerzo nacional importante--catalizado por legislación federal--: establecer un clima en la academia que sea propicio para crear médicos-científicos; establecer una red de unidades de investigación clínica; reclutar el apoyo de fundaciones, empresas biofarmacéuticas y entidades de atención gestionada, así como del gobierno y la academia; y establecer una base de datos nacional de médicos-científicos.
León E. Rosenberg (Vie,) estudió esta cuestión.
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