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El bisfenol A (BPA), un químico sintético utilizado en la producción de plásticos desde la década de 1950 y un conocido disruptor endocrino, es un componente ubicuo del entorno material y del cuerpo humano. Nuevas investigaciones sobre la exposición a muy bajas dosis de BPA sugieren una asociación con efectos adversos para la salud, incluidos el cáncer de mama y próstata, la obesidad, problemas neuroconductuales y anomalías reproductivas. Estos hallazgos desafían la presunción científica y legal de larga data sobre la seguridad del BPA. La historia de cómo se definió y defendió la seguridad del BPA proporciona información crítica sobre las preguntas que enfrentan ahora los legisladores y reguladores: ¿es seguro el BPA, y si no lo es, qué pasos deben tomarse para proteger la salud pública? Las respuestas a ambas preguntas implican reformas en la política química, con implicaciones que van más allá del BPA.
Sarah Vogel (Sun) estudió esta cuestión.