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El sistema inmunológico está involucrado de manera crítica en el desarrollo y mantenimiento del dolor crónico. Sin embargo, las células T, uno de los principales reguladores de la respuesta inmune, solo recientemente se han convertido en un foco de investigaciones sobre la fisiopatología del dolor crónico. Datos clínicos emergentes sugieren que los pacientes con dolor crónico tienen un perfil fenotípico diferente de células T circulantes en comparación con los controles. A nivel preclínico, los hallazgos sobre la función de las células T son mixtos y difieren entre lesiones nerviosas, quimioterapia y modelos inflamatorios de dolor persistente. Dependiendo del tipo de lesión, el subconjunto de células T y el sexo del animal, las células T pueden contribuir al inicio y/o a la resolución del dolor, subrayando a las células T como un actor principal en la transición del dolor agudo al crónico. Subconjuntos específicos de células T liberan mediadores como citoquinas y péptidos opioides endógenos que pueden promover, suprimir o incluso resolver el dolor. Inhibir las funciones promotoras del dolor de las células T y/o mejorar los efectos beneficiosos de las células T pro-resolución pueden ofrecer nuevas estrategias modificadoras de la enfermedad para el tratamiento del dolor crónico, una necesidad crítica en vista de la actual crisis de opiáceos.
Laumet et al. (Wed,) estudiaron esta cuestión.