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Este artículo aborda algunos de los dilemas éticos, etnográficos y políticos de un proyecto de investigación idiosincrático y multisituado que explora las actividades ilegales y encubiertas que rodean el tráfico de humanos y sus partes del cuerpo por cirujanos fuera de la ley, cazadores de riñones y turistas de trasplante involucrados en trasplantes ‘bajo mano’ en la economía global. En sus extrañas yuxtaposiciones de etnografía, documentación, vigilancia y trabajo de derechos humanos, el proyecto combina géneros y transgrede distinciones de larga data entre la antropología, el periodismo político, el reportaje científico, el compromiso político, la antropología de interés público y el trabajo de derechos humanos. ¿Cómo se investiga el comportamiento encubierto y criminal desde una perspectiva antropológica? ¿Cuándo, si es que alguna vez (y con qué fundamentos), es permisible realizar investigaciones ‘encubiertas’? Cuando se están cometiendo delitos, ¿a quién le debe uno sus lealtades divididas? Tras una discusión sobre investigación comprometida políticamente, extraigo algunas escenas de ‘tras bambalinas’ de este estudio goffmaniano sobre el comercio de órganos para ilustrar las formas, prácticas y emociones muy diferentes que abarca. Quiero recuperar la ‘extrañeza básica’ de un procedimiento médico de rutina – trasplante de riñón – que se ha vuelto cada vez más dependiente de afirmaciones y derechos apoyados médicamente sobre los cuerpos sanos de los ‘otros’ marginados. Termino con un argumento en contra de la bioética y sus capitulaciones a los mercados médicos de cuerpos.
Nancy Scheper‐Hughes (Mon,) estudió esta cuestión.