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El lenguaje centrado en los comportamientos dietéticos individuales, o alternativamente, en las elecciones o decisiones de estilo de vida, sugiere que lo que las personas comen y beben es principalmente una elección que se reduce al libre albedrío. Hacer referencia y intervenir en el consumo de alimentos como si fuera un comportamiento libremente elegido tiene un atractivo lógico inherente debido a su simplicidad y objetivos de intervención fácilmente definidos. Sin embargo, a pesar de décadas de intervenciones conductuales, los patrones de consumo de alimentos a nivel poblacional siguen siendo subóptimos. Este artículo de debate cuestiona la manera en que el lenguaje enmarca cómo se entienden y abordan los problemas relacionados con la mala calidad de la dieta en la sociedad. Argumentamos que referirse al consumo de alimentos como un comportamiento transmite la idea de que es principalmente un acto libremente elegido que puede mejorarse mediante la súplica y la educación de los individuos para que realicen mejores selecciones. Aprovechando la teoría de la práctica, proponemos posteriormente que el uso del lenguaje alternativo de las prácticas y patrones alimentarios transmite mejor la naturaleza socialmente situada del consumo de alimentos. Este lenguaje puede, por lo tanto, señalar nuevas vías para la intervención más allá de educar y motivar a los individuos a comer de manera más saludable, y en su lugar, centrarse en crear contextos de apoyo que permitan un cambio dietético positivo sostenido. Claramente, cambiar el discurso no transformará por sí solo la ciencia y la práctica de la nutrición. No obstante, las semillas del cambio pueden estar en alinear nuestra terminología, y por ende, nuestro enmarcamiento, con las soluciones deseadas.
Olstad et al. (Jue,) estudiaron esta cuestión.
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