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Los estudios en animales demuestran que el tacto y el contacto materno regulan el estrés en los bebés, y el manejo durante períodos de privación materna atenúa la respuesta al estrés. Para medir los efectos del tacto en la reactividad al estrés de los bebés durante la privación materna simulada, se probaron 53 díadas en dos paradigmas: cara en reposo (SF) y cara en reposo con tacto materno (SF+T). Se muestrearon los niveles de cortisol materno e infantil en la línea base, reactividad y recuperación, y se midieron el tono vagal cardíaco de la madre y el bebé durante los episodios de juego libre, cara en reposo y reunión del procedimiento. La reactividad del cortisol fue mayor entre los bebés en la condición SF y, mientras que el cortisol disminuyó en la recuperación para los bebés en SF+T, aumentó aún más para los de SF. El tono vagal mostró una mayor supresión cuando la SF no fue acompañada por tacto materno. La sincronicidad del tacto durante el juego libre se asoció con un mayor tono vagal infantil, mientras que la asincronía del tacto—la estimulación táctil materna mientras la mirada del bebé se desvía—se correlacionó con un mayor cortisol materno e infantil. En los humanos, al igual que en los mamíferos, la provisión de tacto durante momentos de indisponibilidad materna reduce la reactividad fisiológica de los bebés al estrés.
Feldman et al. (Wed,) estudiaron esta cuestión.