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Los genes GNAQ y GNA11 están mutados en casi el 80-90% de los melanomas uvulares en un patrón mutuamente exclusivo. Estos genes codifican las subunidades alfa de las proteínas G heterotriméricas, Gq y G11; por lo tanto, las mutaciones de estos genes resultan en la activación de varias vías de señalización importantes, incluida la fosfolipasa C, y la activación del factor de transcripción YAP. Es bien sabido que ambos actúan como genes impulsores en el proceso oncogénico y se ha asumido que no desempeñan un papel en el pronóstico de estos tumores. Sin embargo, se ha hipotetizado que las mutaciones en estos genes podrían dar lugar a tipos de melanomas uvulares molecular y clínicamente distintos. También se ha cuestionado si el tipo y la ubicación de la mutación en los genes GNAQ y GNA11 podrían afectar la progresión de estos tumores. Todas estas preguntas, excepto por sus implicaciones en la carcinogénesis, siguen siendo controvertidas. El melanoma uvular tiene un perfil genético distintivo y mutaciones recurrentes específicas, lo que lo convierte en un candidato potencial para el tratamiento con terapia dirigida. Dado que las mutaciones más frecuentes son las observadas en los genes GNAQ y GNA11, y que ambos genes están involucrados en la oncogénesis, estas moléculas, así como las vías de señalización descendentes en las que están involucradas, se han propuesto como objetivos terapéuticos potencialmente prometedores. Por lo tanto, en esta revisión, se presta especial atención a los datos actuales relacionados con las posibles implicaciones pronósticas de ambos genes desde diferentes perspectivas, así como a las opciones terapéuticas que los apuntan.
Silva et al. (Wed,) estudiaron esta cuestión.
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