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Los robots sociales pueden ofrecer posibilidades tremendas para las intervenciones en el trastorno del espectro autista (TEA). Hasta la fecha, la mayoría de los estudios con esta población han utilizado encuentros cortos e aislados en entornos de laboratorio controlados. Nuestro estudio se centró en una intervención domiciliaria de 1 mes para aumentar las habilidades de comunicación social de 12 niños con TEA entre 6 y 12 años utilizando un robot social autónomo. Los niños participaron en una interacción triádica con un cuidador y el robot durante 30 minutos cada día para completar actividades sobre narración emocional, toma de perspectiva y secuenciación. El robot fomentó el compromiso, adaptó la dificultad de las actividades al rendimiento previo del niño y modeló habilidades sociales positivas. El sistema mantuvo el compromiso durante el despliegue de 1 mes, y los niños mostraron una mejora en las habilidades de atención conjunta con adultos en ausencia del robot. Estos resultados también fueron consistentes con los cuestionarios de los cuidadores. Los cuidadores informaron de menos indicaciones con el tiempo y un aumento general en la comunicación.
Scassellati et al. (Wed,) estudiaron esta cuestión.
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